Oh gloriosa virgen santa Librada,
tú que tienes el don de liberar de males y
amarguras,
tú que nos defiendes con tu poderosa protección
de peligros y de las trampas del enemigo,
de enfermedades, miserias y sufrimientos,
de injusticias, traiciones, engaños y crueldades,
y de todo aquello que nos hace sufrir.

