Oh santa María Magdalena,
piadosa y distinguida discípula del
Salvador,
espejo brillante
y vivo ejemplo
de verdadera
conversión y sincero
arrepentimiento;
regla y
modelo de la vida contemplativa,
que durante
treinta y tres años vivisteis en
la soledad,
ignorada del
mundo y escondida a
sus miradas;
recibiendo
con intensidad los afectos
del amor Divino.
