viernes, 25 de enero de 2013

ORACION A SANTA CLARA DE ASIS PARA DIFICULTADES EN EL MATRIMONIO


santa Clara con lirios y un libro en las manos

Amable virgen de Asís
 y merecedora madre Santa Clara,
 tú que fuiste un dechado de santidad y pureza,
de humildad, caridad y bondad,
y fundamento sólido y estable
de la más ardiente e inquebrantable fe, 
extiende tu bondadosa mano y danos auxilio.


Santa Clara, que, sirviéndote de las cosas terrenas 
y venciendo múltiples dificultades a tu paso
con esperanza firme buscaste las del Cielo, 
yo te imploro no me abandones ante la adversidad. 

   
Oh dulce virgen santa Clara, 
que fuiste revestida con las más excelsas virtudes 
por Nuestro Padre Altísimo, nuestro Dios y Señor, 
y de Él obtuviste la fortaleza y el empuje preciso 
para vencer todos los obstáculos, 
por todos estos favores
con que el Divino Esposo generosamente te colmó, 
y por tu especial devoción a Jesús Sacramentado,
te suplico intercedas ante el Redentor del Mundo,
a fin de que escuche benigno
lo que solicito de su gran bondad y misericordia. 

Pídele me conceda su gran auxilio 
para que pueda encontrar urgente remedio 
en los problemas por los que pasa mi matrimonio, 
en las dificultades que hay en mi vida amorosa, 
ruégale me envíe ayuda para solucionar 
esto que me aflige y es causa de mi tristeza y dolor 
y hace que no esté bien con mi pareja: 

(hacer con mucha fe la petición). 

Por el especial privilegio de su infinita grandeza, 
junto a tu inmensa piedad,
oh santa Clara gloriosa, divina niña, 
te ruego alivies mis pesares y tristezas, 
y, por tu gran corazón que a todos diste, 
por tu entrega a Dios y al prójimo, 
espero me sea otorgado lo que por tu mediación 
y con ansia vivísima desea mi alma. 

Si Él quiere puede concedérmelo, 
pues su mano divina es omnipotente 
tanto en el cielo como en la tierra. 

Si fuera para mayor gloria del Altísimo 
para tu honor y bien de mi alma, 
que vea pronto atendida mi petición, 
cuyo buen resultado, a ruego tuyo, 
confío obtener del poder y bondad 
de su misericordioso y paternal corazón. 
Así sea. + 

Reza tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias. 
Haz la oración y los rezos por cinco días seguidos. 

NOTAS SOBRE LA VIDA DE SANTA CLARA 

Siendo niña aún en la vida seglar, desde su más tierna edad buscó la manera de atravesar por un sendero de pureza este mundo frágil e impuro. Guardando el precioso tesoro de su virginidad con intacto pudor, se dedicaba asiduamente a obras de caridad y de piedad, de modo que su fama se extendía, agradable y digna de elogio, entre vecinos y extraños. Hasta que San Francisco, oyendo alabar su virtud, se puso a exhortarla, dirigiéndola al servicio perfecto de Cristo.

Y ella, siguiendo con diligencia sus santos consejos, deseosa ya de renunciar del todo al mundo y a los bienes de la tierra, para servir al Señor en pobreza voluntaria, puso en práctica enseguida su ardiente deseo. Y, por último, enajenó todos sus bienes y los repartió en favor de los pobres, para emplear en limosna, por amor de Dios, todas sus pertenencias.

Deseando luego retirarse del ruido del mundo, huyó a una iglesia rural, donde el mismo San Francisco le hizo la sacra tonsura. De allí se refugió luego en otra iglesia. Sucedió allí que, al querer llevársela con ellos sus parientes, ella resistió con fortaleza y constancia; se abrazó enseguida al altar y, sin soltar los manteles, descubrió ante ellos su cabeza rapada, para que viesen que no podía permitir que la arrancaran de servir a Cristo, habiéndose desposado, de todo corazón, con Cristo.

Por último, el mismo San Francisco la condujo a la Iglesia de San Damián, en las afueras de Asís, donde ella nació. Allí el Señor, deseoso de amor y culto perseverante a su nombre, le asoció muchas compañeras.

Aquí tuvo su saludable origen la noble y santa Orden de San Damián, extendida ya por todo el orbe. Aquí Clara, animada por el mismo San Francisco, dió comienzo y auge a esta nueva observancia. Ella fue el primero y seguro fundamento de esta excelsa vida religiosa, la piedra angular este encumbrado edificio.

Noble por su estirpe y más noble por su conducta, bajo esta regla de admirable santidad, mantuvo la virginidad que ya antes había guardado. Después, también su madre, llamada Hortelana -mujer entregada a obras de piedad-, siguió los pasos de su hija, profesó devotamente la vida religiosa en esta religión, y en ella acabó felizmente sus días la muy hábil hortelana, que produjo tal planta en el huerto del Señor. Unos años después, la dichosa Clara, cediendo a las insistencias de San Francisco, aceptó el gobierno del monasterio y de las hermanas.

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