jueves, 31 de enero de 2013

ORACION A SAN JUAN BOSCO PARA PEDIR FAVORES Y AUXILIO



Cara sonriente de San Juan Bosco


¡Oh bienaventurado san Juan Bosco!,
 apóstol incansable de la devoción a María Auxiliadora
 y tan amado de Ella, que sin tardanza alguna,
 obtenías de su bondad todo lo que le pedías.

Tú, que fuiste tan compasivo y estabas pendiente
 de las necesidades cotidianas y humanas desventuras 
que hacían padecer dolientemente a la gente,
 que, cuando morabas aquí en la tierra,
 no había persona alguna que recurriese a ti
 sin que fuese benignamente escuchada 
y recibiese el auxilio que tu podías prestarles
escucha las suplicas que humildemente te hago. 

Ahora que estas por méritos propios en los Cielos,
en donde la caridad se perfecciona,
 míranos con piedad, con beatitud y misericordia,
 ya que tan necesitados estamos de tu auxilio. 

   

¡Oh don Bosco, bendito predicador y maestro!,
divulgador de la fe y muy noble apóstol de la caridad
fundamento preciado de la institución Misionera
y fundador de la institución Salesiana, 
ante ti acudo a solicitar que seas mi guía, 
y que me hagas digno de ti y de Dios; 
ayúdame a ser mejor y a tener entregada caridad, 
enséñame a saber aplicar dentro de mi corazón 
las verdades de la Palabra del Señor, 
que nos dejó escritas en el Santo Evangelio 
y no te apartes de mí ni me dejes en mi duro caminar. 
 
Por las muchas incertidumbres y privaciones 
que tu mismo experimentaste y te hicieron sufrir, 
por todas las dificultades que tuviste que superar, 
por las injusticias, enfermedades y peligros 
que rodearon tu vida y te hicieron sufrir, 
haz descender sobre nosotros y sobre nuestras familias
  las maternales bendiciones de María Auxiliadora; 
por favor, alcánzanos todos aquellos favores y bienes,
 tanto los espirituales como los temporales,
 que más necesitamos y que nos son imprescindibles 
para que nuestras vidas sean más fáciles y llevaderas, 
para que salgamos con bien y cuanto antes
de los problemas y necesidades que tenemos, 
especialmente este que ahora nos preocupa:

(haz ahora la petición con humildad y sinceridad)

Don Bosco santo, en tus milagrosas y bondadosas manos 
dejamos lo que nos hace sufrir y queremos remediar, 
confiando en tu muy efectiva intercesión ante María, 
y, sabiendo que Ella hará llegar a Dios Padre Eterno 
las suplicas que hemos expuesto en esta oración, 
no tardes en acudir ante la Santísima Virgen 
para que en breve llegue a nosotros el Auxilio de Dios. 

Bajo tu valioso patrocinio y protección nos refugiamos 
esperando ser amparados de cualquier mal peligro 
y para que nada ni nadie nos pueda lastimar, 
y, con total seguridad de obtener tu auxilio,
acudimos nuevamente a tu generosidad
para solicitar que nos acojas tiernamente
y nos concedas tu dulce y poderosa bendición 
así como la gracia de gozar de la amistad divina,
 de evitar todo pecado, olvido y ofensa al Señor 
de amar con fiel cariño siempre a la Virgen María.
Amén. +

San Juan Bosco, ¡ruega por nosotros! 
(repite esta última frase 3 veces) 

Reza con mucha devoción LA SALVE
tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias. 

La oración y los rezos se hacen tres días seguidos, si la petición es muy apremiante y difícil, hazla los tres días pero por la mañana, por la tarde y por la noche. 
NOTA: La Salve es una antigua oración de saludo, de petición y suplica a la Virgen María. Esta esencial y bella oración se reza desde el siglo XI y, por su belleza, su brevedad, sencillez y profundidad, ha sido, y sigue siendo muy repetida a lo largo de los años, sin dejar de tener vigencia. Es una oración de esperanza que se hace a la Virgen para invocar su clemencia. Dice así: 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, 
vida, dulzura y esperanza nuestra. 
Dios te salve. 
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, 
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando 
en este valle de lágrimas. 
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra, 
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, 
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre. 
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María. 
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, 
para que seamos dignos de alcanzar 
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. 
Amén. 

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