¡Oh milagroso y bendito!, oh amable y prodigioso,
oh dulcísimo Niño de Atocha, Niño querido,
unigénito del
Eterno Padre,
Salvador del mundo, Cordero
inmaculado,
que con diversos portentos y favores
levantas el ánimo al que está afligido
y das paz al que a Ti acude en sus dificultades.


