Querido San José de Cupertino,
purifica mi
corazón,
transfórmalo y
hazlo semejante al tuyo,
infunde en mí tu
fervor, tu inmensa sabiduría y tu
fe.
Muestra tu bondad
ayudándome
a superar todas las pruebas que se me presenten,
muestra tu amor hacia los demás
dándome el auxilio que tanto necesito
y yo me esforzaré
en imitar tus virtudes.
