¡Oh gloriosísimo
San Hilarión!
Eremita, abad y confesor,
santo patrono de pueblos
y ciudades
y de cuantos en
vos depositan su confianza,
a vos que fuisteis
un prodigio de caridad
de paciencia, sacrificio y humildad,
Jesucristo, en su bondad, os
constituyó
“Abogado en las cosas difíciles”
y “Protector de
los afligidos y atribulados”.
