¡Oh gloriosísimo
San Antonio de Padua!,
que recibisteis de
Dios Eterno Padre
tan admirable
poder sobre la naturaleza
y sobre los
enemigos del alma;
que merecisteis el
sobrenombre de Taumaturgo
por vuestros innumerables milagros,
alcanzadme la
gracia necesaria para ser fuerte,
sobre todo, en mis momentos de
flaqueza,
y dadme auxilio
para aliviar mi desaliento
ahora que me
siento abatido-a, mi corazón sufre
y me invade noche y día la desesperación.



