martes, 10 de septiembre de 2013

ORACION AL MILAGROSO SAN ISIDRO PARA URGENTES NECESIDADES ECONOMICAS Y LABORALES


San Isidro Orando en el Sembrado

Glorioso San Isidro Labrador,
tu vida fue un ejemplo de humildad y sencillez,
de trabajo, caridad, confianza en Dios y oración;
tú que con inmensa fe olvidaste los placeres del mundo
y solo quisiste vivir para Dios, tu Señor,
que te entregaste con amor y servicio a los demás,
enséñanos a compartir el pan de cada día
con nuestros hermanos los hombres. 

Haz que el trabajo de nuestras manos
humanice nuestro mundo
y sea al mismo tiempo plegaria de alabanza
al nombre de Dios. 

 
Bendito san Isidro Labrador
como tú lo hiciste en tantas ocasiones
hoy queremos acudir confiadamente
ante Dios Misericordioso para solicitar su ayuda,
y por medio de tu santa y gloriosa mediación
ver su mano providente en nuestras vidas
y obtener de su inmensa caridad y bondad
remedio para nuestras necesidades, 
tanto laborales como económicas,
en especial para estas carencias que tanto nos afligen:

(hacer la petición).

Santo milagroso, san Isidro,
tú que tanto ayudaste a los desamparados,
a los que nada tenían y tanto necesitaban,
no dejes de pedir a Dios por nosotros
hoy que tanto precisamos su ayuda.

Ruega para que nuestras humildes suplicas
sean atendidas lo antes posible.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Amén. + 

Rezar pidiendo la intercesión del milagroso
san Isidro Labrador, el Credo y la Salve. 
La oración y los rezos se hacen cinco días seguidos. 

MILAGROS DE SAN ISIDRO LABRADOR  

Sobre la figura de este prodigioso santo se han hecho eco muchas narraciones populares. La más conocida de ellas es la que nos presenta a un hombre muy piadoso que muy a menudo tenía que soportar las burlas de sus vecinos porque cada día iba a la iglesia antes de salir a labrar el campo. A veces, Isidro llegaba algunos minutos tarde al trabajo y sus compañeros lo denunciaron al patrón por holgazán. Juan de Vargas, que así se llamaba el propietario de la finca, lo quiso comprobar por si mismo, y un buen día se escondió tras unos matorrales situados a medio camino entre la iglesia y el campo. Al salir del templo le recriminó su actitud. Cuando llegaron al campo, su patrón vio por sorpresa que los bueyes estaban arando ellos solos la parte que le correspondía al buen Isidro. El patrón entendió aquél hecho como un prodigio del cielo. 

También es conocida "la olla de San Isidro". Se cuenta que cada año el santo organizaba una gran comida popular donde eran invitados los más pobres y marginados de Madrid, pues  lo poco que ganaba lo empleaba para dar alimento a los necesitados, y con sus "ahorros" y la ayuda divina podía cubrir las necesidades de los más pobres.  Sin embargo, en una ocasión el número de de presentes superó lo previsto y la comida que habían preparado no llegaba ni a la mitad de los convocados. Isidro metió el puchero en una gran olla y la comida se multiplicó "milagrosamente", hubo comida para todos y más.

Así mismo, hay un relato que nos dice que en un año de sequía y temiendo por la rentabilidad de la hacienda de su patrón, Isidro con un golpe de su arada hizo salir un chorro de agua del campo. Salió tanta agua de allí que pudo abastecer toda la ciudad de Madrid.

Sus portentosos milagros, más de 400, se contemplan en su Proceso de Canonización.

Su caridad ilimitada, hace, que sus contemporáneos le admiren y le veneren como a un Santo, junto a su esposa Maria de la Cabeza, y que llegan a ser un solo corazón y una sola alma; matrimonio que bendice el Señor, concediéndoles un hijo, Illán, que es causa un día de uno de los más portentosos milagros de San Isidro, resucitándole tras precipitarse a las profundas aguas de un pozo.

En otra ocasión también devuelve a la vida a Maria de Vargas, hija de su patrón y ahijada suya.

Muere San Isidro el 30 de noviembre de 1172, sobre los 90 años, y es sepultado en el cementerio de San Andrés, su parroquia. A los 43 años de haber sido sepultado en 1163 sacaron del sepulcro su cadáver y estaba incorrupto, como si estuviera recién muerto. Las gentes consideraron esto como un milagro.

Poco después el rey Felipe III se hallaba gravísimamente enfermo y los médicos dijeron que se moriría de aquella enfermedad. Entonces sacaron los restos de San Isidro del templo a donde los habían llevado cuando los trasladaron del cementerio. Y tan pronto como los restos salieron del templo, al rey se le fue la fiebre y al llegar junto a él los restos del santo se le fue por completo la enfermedad. A causa de esto el rey intercedió ante el Sumo Pontífice para que declarara santo al humilde labrador, y por este y otros muchos milagros, el Papa lo canonizó en el año 1622 junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Francisco Javier y San Felipe Neri.

En realidad, para ser más específicos, Gregorio XV Canoniza a San Isidro el 12 de marzo de 1622. Sin embargo la muerte del Pontífice hizo que se retrasara la expedición de la Bula de Canonización de San Isidro ‘Rationi Congruit’ hasta el 4 de junio de 1724, firmada por Benedicto XIII. 

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