jueves, 30 de mayo de 2024

ORACIÓN A LAS SAGRADAS MANOS DE JESÚS PARA SANAR DE ENFERMEDADES, MIEDOS Y DEPRESIÓN



Las santas manos de Jesucristo son un símbolo de amor, compasión y poder divino. A lo largo de su ministerio terrenal, estas manos tocaron a los enfermos, sanaron heridas y consolaron a los afligidos. Su tacto no solo alivió el sufrimiento físico, sino que también sanó las almas y restauró la esperanza en aquellos que se acercaron a Él.

Consuelo para los Afligidos

Las manos de Jesús no solo curaron cuerpos, sino también corazones rotos. Aquellos que se sintieron solos, abandonados o afligidos encontraron consuelo en su presencia. Sus manos acogieron a los pecadores, perdonaron a los arrepentidos y ofrecieron esperanza a los desesperados.

Hoy, cuando enfrentamos enfermedades, tristezas o dificultades, podemos recordar las santas manos de Jesucristo. Podemos acercarnos a Él con fe, sabiendo que su amor y compasión están siempre disponibles para nosotros. Sus manos, marcadas por los clavos, nos invitan a encontrar consuelo, sanación y redención en medio de nuestras luchas.

ORACIÓN A LAS SAGRADAS MANOS DE JESÚS PARA SANAR DE ENFERMEDADES, MIEDOS Y DEPRESIÓN

Oh, santas manos de Jesucristo, que tocaron la carne enferma y la transformaron, que sanaron heridas y aliviaron el dolor, os alabamos y os buscamos en nuestra debilidad.

Oh, Señor Jesús, tus manos, marcadas por los clavos de la cruz, son un recordatorio de tu sacrificio supremo, de tu amor inquebrantable por la humanidad. En ellas encontramos esperanza y redención.


A ti, que extendiste tus manos hacia los leprosos, que abrazaste a los marginados y excluidos, te pedimos que también nos toques hoy. Que tus manos poderosas nos alcancen.

Para aquellos que luchan contra enfermedades, que sienten el peso de la aflicción y la tristeza, te rogamos: extiende tus manos sanadoras.
Que la salud fluya como un río de gracia.

Para los afligidos, los solitarios y los desesperados, que buscan consuelo y alivio en sus penas, te suplicamos: envuelve tus manos alrededor de ellos. Que encuentren paz en medio de la tormenta.

Oh, santas manos de Jesucristo, que sostuvieron a los niños y bendijeron a los pequeños, que multiplicaron los panes y los peces, os aclamamos como fuente de vida y abundancia.

Que tus manos sean el refugio de los cansados, la luz en la oscuridad, el bálsamo para los heridos. Que en ellas los deprimidos encuentren alegría, Que los miedos sean disueltos y la fortaleza restaurada.

Que los milagros broten de tus dedos, como flores en un jardín de misericordia.

Amén.

Jesús y los Enfermos

En los Evangelios, encontramos numerosos relatos de cómo Jesús extendió sus manos hacia los enfermos y los necesitados. Algunos ejemplos notables incluyen:

La Mujer con Flujo de Sangre: Una mujer afligida por una hemorragia crónica durante doce años se acercó a Jesús en busca de sanación. Con fe, tocó el borde de su manto, y al instante fue sanada.


El Hijo del Oficial Real: Jesús sanó al hijo de un oficial real que estaba al borde de la muerte. El oficial le rogó que viniera a su casa, pero Jesús simplemente dijo: “Vete, tu hijo vive”.

La Hija de Jairo: Jesús fue llamado a la casa de Jairo, un jefe de la sinagoga, cuya hija estaba gravemente enferma. A pesar de las noticias de su muerte, Jesús tomó su mano y dijo: “Muchacha, a ti te digo, levántate”.

Las Manos Clavadas en la Cruz

Estas mismas manos, llenas de compasión y poder, fueron luego clavadas a la cruz en su pasión y muerte. Jesús soportó el dolor y el sufrimiento en su cuerpo humano, llevando nuestros pecados y nuestras heridas. Sus manos, que habían sanado a tantos, ahora estaban perforadas por los clavos, ofreciendo redención y salvación a toda la humanidad.

En la cruz, Jesús no solo sufrió físicamente, sino que también experimentó la separación de su Padre celestial. Sus manos extendidas simbolizan su amor inquebrantable por nosotros, su deseo de reconciliarnos con Dios y su sacrificio supremo por nuestra salvación.

Que las santas manos de Jesucristo sigan siendo nuestro refugio y nuestra fortaleza, guiándonos hacia la vida eterna y la paz.


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