domingo, 13 de noviembre de 2016

CORAZON INMACULADO DE MARIA, ORACION Y CONSAGRACION, PARA PETICIONES DESESPERADAS



Cada oración que hacemos a María Santísima,
cada vez que la llamamos y pedimos su mediación,
cada vez que acudimos sinceramente a Ella,
nos adentramos en su Corazón Dulcísimo,
y, en consecuencia, en el Corazón de Cristo,
en el Corazón de Dios.
 
ORACIÓN Y CONSAGRACIÓN
 
Oh Corazón Inmaculado de María!,
compadeceos de nosotros.
 
Refugio de pecadores, rogad por nosotros.
 
¡Oh Dulce Corazón de María, 
sed la salvación nuestra!
 
Oh María, Madre de todos nosotros, los hombres,
a tu Corazón Inmaculado queremos consagrarnos,  
queremos ofrecernos en este día,
queremos rendirnos ante Ti
y pedirte con toda humildad y confianza
que sigas siendo nuestra poderosa intercesora
y que nos guardes dentro de tu Corazón amabilísimo
para que encontremos refugio y socorro.
 
Queremos ponernos bajo tu manto y protección
para que siempre nos defiendas de todo mal
y de todo poder del maligno.
 
Madre nuestra, Virgen María,
defiéndenos de los peligros,  
ayúdanos a superar las tentaciones
y presérvanos de todo mal.
 
Virgen amada, cuando lleguen los momentos de dolor,
sé Tú nuestro amparo y sostén.
 
Te rogamos seas Tú la que nos cuide e ilumine
cuando las puertas se nos cierren y no veamos salida,
si estamos enfermos, sé Tu nuestra medicina,
y en nuestras carencias y soledades,
sé Tu nuestra esperanza e ilusión.
 
Reina y Señora, auxílianos, consíguenos la paz,
derrama sobre nosotros tus bendiciones
si ves que desesperamos por las necesidades
y padecemos por los problemas y dificultades.
 
María, llénanos de tu amor y compasión
cuando veas que no podemos con nuestras cargas,
y sigue llevando nuestras peticiones a Dios
para que podamos conseguir sus favores Celestiales,
en especial pide la ayuda que ahora nos es tan precisa:
 
(hacer la petición con inmensa fe). 
 
Sabes que te adoramos y confiamos en Ti,
sabes que te llevamos con nosotros cada día,
por ello te suplicamos no dejes jamás de atendernos;
en nuestros llantos seca nuestras lagrimas
y danos el consuelo que ansiamos,
y, en los momentos de alegría,
llévanos por el camino que nos conduzca a Dios
para serle siempre agradecidos.
 
Madre nuestra, Madre de Dios,
recibe nuestro humilde acto de consagración;
tuyos somos y tuyos queremos ser para siempre.
 
Soy todo tuyo, Reina mía, Madre mía,
y cuanto tengo tuyo es.
 
Te entrego mi vida y mi amor,
mi pasado, mi presente y mi futuro
con todo lo que tengo y todo lo que soy,
recíbeme como fiel hijo tuyo y nunca me abandones.
 
Presenta a tu Hijo Jesús mi amor y homenaje
y pídele también me guarde en su Sagrado Corazón.
 
Dulce Corazón de María,
sed la salvación mía.
 
Amén. 
 
Rezar la Salve, Avemaría, Padrenuestro y Gloria.
 
La oración y los rezos se hacen tres días seguidos,
por la mañana y por la noche.
 
 
 
 
 
 

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