martes, 19 de marzo de 2013

LAS QUINCE ORACIONES DE SANTA BRIGIDA, PARA PEDIR PROTECCION Y AYUDA


 


PRIMERA ORACIÓN

Rezar Padrenuestro y Avemaría.


 ¡Oh Jesucristo!
 ¡Eres la eterna dulzura de todos los que te aman!
 la alegría que sobrepasa todo gozo y deseo;
 la salvación y esperanza de todos los pecadores.

 Has manifestado que no tienes mayor deseo
 que el de permanecer
 en medio de los hombres, en la tierra.

 Los amaste hasta el punto
 de asumir la naturaleza humana,
 en la plenitud de los tiempos, por amor a ellos.

 Acuérdate de todos los sufrimientos que soportaste
 desde el instante de tu Concepción
 y especialmente durante tu Sagrada Pasión;
 así como fue decretado y ordenado
desde toda la eternidad, según el plan divino.

Acuérdate, Oh Señor,
 que durante la última cena con tus discípulos
 les lavaste los pies;
 y después, les diste Tu Sacratísimo Cuerpo,
 y Tu Sangre Preciosísima.

 Luego, confortándolos con dulzura,
 les anunciaste Tu próxima Pasión.
 
Acuérdate de la tristeza y amargura
 que experimentaste en Tu Alma,
 como Tu mismo lo afirmaste, diciendo:
”Mi Alma está triste hasta la muerte.”
 
Acuérdate de todos los temores,
 las angustias y los dolores que soportaste,
 en Tu Sagrado Cuerpo,
 antes del suplicio de la crucifixión.

 Después de haber orado tres veces,
 todo bañado de sudor sangriento,
 fuiste traicionado por Tu discípulo: Judas;
 apresado por los habitantes de una nación
 que habías escogido y enaltecido.

 Fuiste acusado por falsos testigos
 e injustamente juzgado por tres jueces;
 todo lo cual sucedió en la flor de Tu madurez,
 y en la solemne estación pascual.

Acuérdate que fuiste despojado
 de Tu propia vestidura,
 y revestido con manto de irrisión.

Te cubrieron los Ojos y la Cara infligiendo bofetadas.

 Después, coronado de espinas,
 pusieron en Tus manos una caña.

 Finalmente, fuiste atado a la columna,
 desgarrado con azotes
 y agobiado de oprobios y ultrajes.

En memoria de todas estas penas y dolores
 que soportaste antes de Tu Pasión en la Cruz
 concédeme antes de morir,
 una contrición verdadera,
 una confesión sincera y completa,
 adecuada satisfacción,
 y la remisión de todos mis pecados.

 Amén.

SEGUNDA ORACIÓN.


Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús, verdadera libertad de los ángeles
 y paraíso de delicias!

 Acuérdate del horror y la tristeza
 con que fuiste oprimido,
 cuando tus enemigos como leones furiosos,
 te rodearon con miles de injurias,
 salivazos, bofetadas, laceraciones,
 arañazos y otros suplicios inauditos.

 Te atormentaron a su antojo.

En consideración a estos tormentos
 y a las palabras injuriosas,
 Te suplico. ¡Oh mi Salvador, y Redentor!
 que me libres de todos mis enemigos,
 visibles e invisibles,
 y que bajo tu protección,
 permitas que yo alcance la perfección
 de la salvación eterna.

Amén.

TERCERA ORACIÓN.

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús, Creador del Cielo y de la Tierra,
 al que nada puede contener ni limitar!

 Tú abarcas todo;
 y todo es sostenido bajo tu amorosa potestad.

 Acuérdate del dolor muy amargo
 que sufriste cuando los judíos,
 con gruesos clavos cuadrados,
golpe a golpe clavaron
 Tus Sagradas Manos y Pies a la Cruz.

 Y no viéndote en un estado suficientemente lamentable
 para satisfacer su furor, agrandaron Tus Llagas,
 agregando dolor sobre dolor.

 Con indescriptible crueldad.

 Extendieron Tu Cuerpo en la Cruz.

 Y con jalones y estirones violentos,
 en toda dirección, dislocaron tus Huesos.

¡Oh Jesús!,
 en memoria de este santo dolor
 que soportaste con tanto amor en la Cruz,
 te suplico concederme la gracia
 del santo temor y de amarte.

 Amén.

CUARTA ORACIÓN.

Rezar Padrenuestro y Avemaria

 ¡Oh Jesús, Médico Celestial
 elevado en la Cruz para curar
 nuestras llagas con las Tuyas!

 Acuérdate de las heridas y los desfallecimientos
 que sufriste en todos Tus Miembros;
 y que fueron distendidos a tal grado,
 que no ha habido dolor semejante al Tuyo.

 Desde la cima de la cabeza
 hasta la planta de los pies,
 ninguna parte de Tu Cuerpo
 estaba exenta de tormentos.

 Sin embargo, olvidando todos Tus sufrimientos,
 no dejaste de pedir por Tus enemigos,
 a Tu Padre Celestial, diciéndole:

 “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”

Por esta inmensa misericordia,
 y en memoria de estos sufrimientos,
 te hago esta súplica:
 concédeme,
 que el recuerdo de Tu muy amarga Pasión,
 nos alcance una perfecta contrición
 y la remisión de todos nuestros pecados.

 Amén.

QUINTA ORACIÓN.

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús!,

 ¡Espejo de Resplandor Eterno!

Acuérdate de la tristeza aguda que sentiste
 al contemplar con anticipación,
 las almas que habían de condenarse.

 A la luz de Tu Divinidad,
 vislumbraste la predestinación
 de aquellos que se salvarían,
 mediante los méritos de Tu Sagrada Pasión.

 Simultáneamente contemplaste tristemente
 la inmensa multitud de dañados
 que serian condenados por sus pecados;
 y Te quejaste amargamente de esos desesperados,
 perdidos y desgraciados pecadores.

Por este abismo de compasión y piedad
 y principalmente por la bondad que demostraste
 hacia el buen ladrón, diciéndole:
 “Hoy estarás conmigo en el Paraíso"
 hago esta súplica, Dulce Jesús:
 te pido que a la hora de mi muerte
 tengas misericordia de mí.

 Amén.

SEXTA ORACIÓN.

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús, Rey infinitamente amado y deseado!
 Acuérdate del dolor que sufriste, cuando,
 desnudo y como un criminal común y corriente,
 fuiste clavado y elevado en la Cruz.

 También, fuiste abandonado
 de todos Tus parientes y amigos
 con la excepción de tu muy amada Madre.

 En Tu agonía, Ella permaneció fiel junto a Ti;
 luego, la encomendaste a tu fiel discípulo, Juan,
 diciendo a María: “¡mujer, he aquí a tu hijo!”
 Y a Juan: “¡He aquí a tu Madre!

Te suplico, Oh mi Salvador,
 por la espada de dolor que entonces traspasó
 el alma de Tu Santísima Madre,
 que tengas compasión de mí.

 Y en todas mis aflicciones y tribulaciones,
 tanto corporales como espirituales,
 ten piedad de mí.

 Asísteme en todas mis pruebas,
 y especialmente en la hora de mi muerte.

 Amén.

SÉPTIMA ORACIÓN.

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús, inagotable Fuente de compasión
 ten compasión de mí!

 En profundo gesto de amor, exclamaste en la Cruz:
 “Tengo sed”

 Era sed por la salvación del género humano.

¡ Oh mi Salvador!
 te ruego que inflames nuestros corazones
 con el deseo de dirigirnos a la perfección,
 en todas nuestras obras.

 Extingue en nosotros la concupiscencia carnal
y el ardor de los apetitos mundanos.

 Amén.

OCTAVA ORACIÓN.

Rezar Padrenuestro y Avemaría

¡Oh Jesús, Dulzura de los corazones
 y Deleite del espíritu!
 Por el vinagre y la hiel amarga
 que probaste en la Cruz,
 por amor a nosotros,
 escucha nuestras súplicas.

 Concédenos la gracia de recibir dignamente
 Tu Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima
 durante nuestra vida,
 y también a la hora de la muerte
 para servir de remedio y consuelo a nuestras almas.

 Amén.

NOVENA ORACIÓN

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús, Virtud real y gozo del alma!

Acuérdate del dolor que sentiste,
 sumergido en un océano de amargura,
 al acercarse la muerte,
 insultado y ultrajado por los judíos.

 Clamaste en alta voz
 que habías sido abandonado
 por Tu Padre Celestial, diciéndole:
 “Dios mío, Dios mío,
 ¿por qué me has abandonado?”.

 Por esta angustia, te suplico.
 Oh mi Salvador,
 que no me abandones en los terrores
 y dolores de mi muerte.

 Amén.

DÉCIMA ORACIÓN

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús. Principio y Fin de todas las cosas.

 Eres la Vida y la Virtud plena!

 Acuérdate que por causa nuestra
 fuiste sumergido en un abismo de penas,
 sufriendo dolor desde la planta de los Pies
 hasta la cima de la Cabeza.

 En consideración a la enormidad de Tus Llagas,
 enséñame a guardar, por puro amor a Ti,
 todos tus Mandamientos;
 porque el camino de tu Ley Divina
 es amplio y agradable
 para aquellos que Te aman.

Amén.

UNDÉCIMA ORACIÓN

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia!

 En memoria de las llagas que penetraron
 hasta la médula de Tus Huesos y Entrañas,
 para atraerme hacia Ti,
 presento esta súplica.

 Yo, miserable pecador,
 profundamente sumergido en mis ofensas,

 pido que me apartes del pecado.

 Ocúltame de Tu Rostro
 tan justamente irritado contra mí.

Escóndeme en los huecos de Tus Llagas
 hasta que Tu cólera
 y justísima indignación hayan cesado.

 Amén.

DUODÉCIMA ORACIÓN

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad,
 Sello de la Unidad, y Vínculo de la Caridad!

 Acuérdate de la multitud de Llagas
 con que fuiste herido,
 desde la Cabeza hasta los Pies.

 Esas Llagas fueron laceradas y enrojecidas,
 Oh dulce Jesús,
 por la efusión de Tu adorable Sangre.

 ¡Oh, qué dolor tan grande y repleto sufriste
 por amor a nosotros, en Tu Carne virginal!

 ¡Dulcísimo Jesús!

 ¿Qué hubo de hacer por nosotros
 que no hayas hecho?

 Nada falta. ¡Todo lo has cumplido!

 ¡Oh amable y adorable Jesús!
por el fiel recuerdo de Tu Pasión,
 que el Fruto meritorio de Tus sufrimientos
 sea renovado en mi alma.

 Y que en mi corazón,
Tu Amor aumente cada día
 hasta que llegue a contemplarte en la eternidad.

 ¡Oh Amabilísimo Jesús!
 eres el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera,
 que Te pido concederme en el Cielo.

 Amén.

DÉCIMA TERCERA ORACIÓN

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús! ¡Fuerte León, Rey inmortal e invencible!

Acordaos del inmenso dolor
 que habéis sufrido cuando,
 agotadas todas Vuestras fuerzas,
 tanto morales como físicas,
 inclinasteis la Cabeza y dijisteis:
 “Todo está consumado”.

 Por esta angustia y dolor, os suplico,
 Señor Jesús, que tengáis piedad de mí
 en la hora de mi muerte
 cuando mi mente estará tremendamente perturbada
 y mi alma sumergida en angustia.

 Amén.

DÉCIMA CUARTA ORACIÓN.

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús! ¡Único Hijo del Padre Celestial!

 ¡Esplendor y semejanza de su Esencia!

 Acuérdate de la sencilla y humilde recomendación
 que hicisteis de Tu Alma, al Padre Eterno,
 diciéndole:
 “¡Padre en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu!”

 Desgarrado Tu Cuerpo, destrozado Tu Corazón
 y abiertas las Entrañas de Tu misericordia
 para redimirnos, expiraste.

 Por Tu Preciosa Muerte,
 Te suplico, Oh Rey de los santos, confórtame.

 Socórreme para resistir al demonio,
 la carne y al mundo.

 A fin de que, estando muerto al mundo,
 viva yo solamente para Ti.

 Y a la hora de mi muerte,
 recibe mi alma peregrina y desterrada
 que regresa a Ti.

 Amén.

DÉCIMA QUINTA ORACIÓN.

Rezar Padrenuestro y Avemaría.

¡Oh Jesús! ¡Verdadera y fecunda Vid!

 Acuérdate de la abundante efusión de Sangre
 que tan generosamente derramaste
 de Tu Sagrado Cuerpo.

 Tu preciosa Sangre fue derramada
 como el jugo de la uva bajo el lagar.

De Tu Costado perforado por un soldado, con la lanza,
 ha brotado Sangre y agua,
 hasta no quedar en Tu Cuerpo gota alguna.

 Finalmente, como un haz de mirra,
 elevado a lo alto de la Cruz,
 la muy fina y delicada Carne Tuya fue destrozada
 la Substancia de Tu Cuerpo fue marchitada;
 y disecada la médula de Tus Huesos.

 Por esta amarga Pasión,
 y por la efusión de Tu preciosa Sangre,
 te suplico, ¡Oh dulcísimo Jesús!,
 que recibas mi alma,
 cuando yo esté sufriendo
 en la agonía de mi muerte.

 Amén.

ORACION FINAL, CONCLUSION

¡Oh Dulce Jesús!
 traspasa mi corazón,
 a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia
 me sirvan de pan, día y noche.

 Conviérteme enteramente,
 oh mi Señor, a Ti,
 haz que mi corazón sea tu Habitación perpetua.

 Y que mi conversación te sea agradable.

Que el fin de mi vida te sea de tal suerte loable,
 que después de mi muerte
 pueda merecer Tu Paraíso,
 y alabarte para siempre en el Cielo
 con todos Tus santos.

 Amén.
 
En la Basílica de San Pablo Extramuros, en la ciudad de Roma, todavía se puede contemplar, en la capilla del Santísimo Sacramento, el Crucifijo Milagroso ante el cual estuvo arrodillada Santa Brígida cuando recibió estas 15 Oraciones de Nuestro Señor.

Estas oraciones fueron copiadas de un libro impreso en Tolosa (Francia) en el año 1740. Fueron publicadas por el Padre Adrien Parvilliers, de la Compañía de Jesús. El Padre Adrien era jesuita, misionario apostólico, en la Tierra Santa. Este sacerdote obtuvo la aprobación, el permiso y la recomendación que se requerían para difundir estas oraciones.

El papa Pio IX declaró conocimiento de estas oraciones con el acto de presentar el Prólogo. De esta manera, el Sumo Pontífice admitió la autenticidad de estas plegarias para el bien de las almas; y firmó la aprobación el día 31 de mayo de 1862.
 
Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: “Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes. Si quieren honrarlos en verdad, con alguna veneración, rezar 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habrán venerado cada una de Mis Llagas”. (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa).
 
 
 

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